Más tarde, Paola la invitó a una habitación privada donde se jugaba una partida de póquer.
Varios hombres de negocios estaban reunidos para apostar un millón de dólares.
Paola pidió un asiento para ambas.
Las horas pasaron lentamente. El ambiente era tenso.
A las dos de la madrugada, Paola le pidió a Estela que apostara.
Estela dudó, pero aceptó.
Jugó una vez.
Luego otra.
De pronto, ganó.
Sus fichas alcanzaban el millón de dólares.
Paola la abrazó emocionada. Habían ganado…

Continúa leyendo— Parte 4: La gran apuesta…

