Paola le dio un beso en la mejilla y le preguntó:
—¿Has jugado antes?
—No, nunca —respondió Estela, sonrojada.
—No te preocupes, aquí aprenderás —dijo Paola con una sonrisa.
Fueron al bar y brindaron por su encuentro. Más tarde se dirigieron a las máquinas de juego. Paola comenzó a apostar y ganó un poco. Estela la observaba con atención y le contó que su madre jugaba y que en su familia decían que las mujeres tenían un don: daban suerte a sus parejas.
La noche avanzó entre risas, bebidas y apuestas.
Hasta que ocurrió el primer beso.
Fue intenso. Estela sintió que había esperado ese momento durante mucho tiempo.
Pensó que era amor.
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